Ya es jueves,día normal.Casi nunca esta en rojo en un calendario normal,pero en el mío siempre lo está,porque es el día en que voy a jugar a baloncesto.
Desde mi casa al pabellón hay como 15 minutos escasos andando,y durante el camino voy pensando en mis antiguas batallitas de éxitos y fracasos en una pista de basket. Los éxitos pequeñicos y los fracasos con mas peso en el recuerdo que los otros.
Con mi camiseta número 3 de los Pistons de Ben Wallace,mis zapatillas Nike grises y demás complementos deportivos del decatlón,surco las calles mojadas y a paso rápido para que me sirva de calentamiento.Cuento hasta tres personas rebuscando en contenedores consiguiendo tesoros que otros tiran,gente gritando en bares viendo el fútbol y dueños de comercios cerrando persianas,al lado de locales y locales vacíos y llenos de tristeza, preguntándose si también
les tocará a ellos cerrar.
Ya me acerco al colegio-pabellón, corro un poquito cruzando por un paso de cebra resbaladizo, giro el cuello hacia atrás y noto la tirantez de la nuca por la posición de estudio de toda la tarde,los brazos ligeros, abro todo lo que puedo la mano para despertarla sintiendo que hoy la pelotita va a ser amiga mía y va a pasar por el aro.
Dentro de mi anorak se notan los latidos de mi corazón más acelerados.Ya estoy cerca. La capucha esconde mi cabeza y recibe la lluvia haciendo retumbar como un bombo en mi cabeza las gotas.
De repente algo llama mi atención. Es algo que no debería estar ahí. Es un dibujo de una niña agarrada a la aleta de un delfín y algo escrito al lado. Me acerco y sonrio, parece que han leído la última entrada de la tutundera y me están haciendo un regalo. Pues lo acepto y lo agradezco. Gracias.

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