Que bonito es Mayo, el mes de las flores. Para mi este mes más que flores significa cerezas. Toda la vida pendiente del caprichoso cielo de Primavera, asustados de que no se diera la temida unión de sol y lluvia, porque el resultado era la cereza rajada. En mi casa esa combinación se consideraba peor que la de recortes en sanidad y educación, y el dineral para
Bankia.
Cuando llegaba el tiempo de la recogida, había que ser muy rápido porque las primeras que llegaban al mercado las pagaban muy muy bien, unas cinco veces más que dos días más tarde, porque se saturaba de producto los puestos de fruta, y ya se sabe que la ley de la oferta y la demanda se da siempre, como la de la gravedad. Ahí empezaban una serie de repasos árbol por árbol, para conseguir en tres horas dos cubos de cerezas medio crudas, pero que por lo visto eran esperadisimas en los mostradores de las tiendas.
Te imaginabas que esas cerezas las comprarían señoras de 60 años con un chaquetón de piel carísimo, y en una mano una perra llamada cuca y en el otra un bolso de loeve, porque nadie con un sano juicio económico se gastaría 8 euros en una fruta que a los dos días costaría menos de 2, pero bueno mientras las pagaran, a ti plin, como si se las comía la cuca y luego las cagaba dentro del bolso.
El calor picajoso, el bochorno o una nube oscura en el horizonte, era una señal de posible tormenta con granizo que junto con los pájaros,eran los mayores enemigos que te asediaban durante las dos o tres semanas de recogida. Esta se hacía al salir de clase, sacrificando tiempo de estudio que dependiendo de el cambiante momento del mes en que maduraban cada año, lo convertía en un problema o no.
Recuerdos de todo tipo me traen los días de cerezas:
conversaciones de familia alrededor de un árbol, cajas de madera y pozales con ganchos preparados la noche anterior, frases repetidas todos los años como una cantinela:"las que al cogerlas se rompe el rabo, hay que comérsela porque esas ya no valen", ratos perdidos en la cooperativa para pesar tus cajicas e irte a por más, los primeros rayos de sol del año que te ponían moreno de albañil en los brazos, dolor de barriga al final de la tarde por comer demasiadas, lo entretenido que era ponerte en un árbol con muchas, y en un escrupuloso orden de abajo a arriba y de fuera a dentro, dejarlo pelado.
Ahora aquello ya no es importante, solo es un recuerdo lejano desde que un día de cerezas de hace 8 años todo cambió, todo dejo de ser normal y todo se convirtió en tristeza y dolor.
He tenido que quitar una losa de amargura para acordarme de las cosas buenas que nos traían esas dichosas frutitas rojas, y también me ha abofeteado todo lo que nos quitaron ese día, ese campo y la carretera que estaba al lado. Nos quitaron una vida y un trocito de la de los demás. Quizá todas nuestras decisiones, las buenas y las malas, están marcadas desde ese día por la ausencia.
Una ausencia que es mucho peor que la perdida en sí, y que aún sigue pesando días como hoy después de tanto tiempo.
Esto no es muy tutundera style, pero esto es lo que hay hoy. Mañana será otro día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario