Con el móvil llenito de fotos de pegatinas de las paredes, la cabeza un poco atontada por el alcohol, y con la conversación y la compañía apropiada, el día se convirtió en unos de esos que te hacen sentir que la vida mola.
Soy pesimista por parte de madre, y más razón en estos tiempos que vivimos en los que parece, que la siguiente putada está a la vuelta de la esquina y el miedo ya nos llega a la altura de las rodillas. Aún así, el sábado se me olvidó todo, y los problemas se quedaron esperando a que llegara el lunes.






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